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miércoles, 28 de abril de 2010

Se siente bien

Un cuento corto.

Después de mucho lidiar para escribir un ensayo de 5 párrafos, finalmente Juan en Onceavo grado logro construir uno. Se sentía bien, había logrado su empeño. Juan había trabajado muchos años en la consecución de este proyecto; y por fin  lo había logrado.

Juan como todos, empezó kínder con la ilusión e inocencia de cualquier niño de 5 años.
La escuela era un club social, donde todas las personas eran amigables, donde había juguetes y las horas pasaban volando, pues había un sinfín de actividades para hacer.

La gente del equipo de futbol decía de Juan “es el niño más feliz que conozco”
Juan era también un niño brillante, cuando tenía 2 años y medio sabía contar los números hasta 10; le encantaba pintar y siempre que mami se sentaba a estudiar, allí estaba él, con un lápiz y papel listo para hacer su creación


A mediados del año escolar, Juan sufrió meningitis.
Al final de kínder la profesora llamo a la madre para comunicarle su preocupación, ella pensaba que Juan debería repetir kínder.

“¿Repetir Kínder? Nadie repite Kínder”- dijo el padre
“Que bobada, es pérdida de tiempo, en Kínder no hacen nada” dijeron los amigos.

Y se decidió que Juan debería pasar a primero de primaria. Las tareas eran solo colorear los dibujos que representaban las letras del abecedario. Al final de primer grado, la profesora le informo a la madre “Sería bueno hacerle un test a Juan, está teniendo problemas con el material”

María, la madre tenía un trabajo lejos de casa, llegaba a casa alrededor de las 6 de la tarde, cansada después de haber sorteado toda clase de problemas en su sitio de trabajo, pero lo más estresante era tratar de comunicarse en un idioma que no comprendía.

En una carrera contra reloj, María viajaba a una velocidad de 80 millas por hora para llegar a tiempo a casa pues la niñera tenía que irse a limpiar unas oficinas. María temía ser vista por la policía de tránsito y ganarse una multa exorbitante; le horrorizaba un accidente, era tan difícil mantener los ojos abiertos.

Debía llegar a hacer la comida, servirles a los niños y empezar las tareas con el hijo mayor que tenia cosas más serias que el alfabeto para estudiar. Debía bañarlos y llevarlos a la cama antes de las 8 pm porque el esposo así lo requería. Revisar las cuentas por pagar, revisar documentos de la escuela y estudiar inglés.

José, el padre, trabajaba en el segundo turno y nunca estaba en casa para ayudar en este tiempo crítico. La relación de María y su esposo era un caos, cada uno en su mutismo, ninguno quería dar su brazo a torcer, los dos compartían el mismo espacio pero no había comunicación, y la tensión se respiraba en aire.

Los días fueron pasando y la cantidad de tareas y su dificultad incrementaron, Juan no daba pie con bola, María en su ignorancia, hizo acopio de todo lo que sabía acerca de cómo enseñar y de igual manera como ella fue instruida, lo aplico para Juan, “ la letra con sangre entra”

Pero esa no era la solución correcta; el problema de Juan era mayor, la meningitis le había dejado una marca identificada como “problemas de aprendizaje”, le había alterado la forma de procesar información.

Juan con sus 7 añitos inexpertos e inocentes, no sabía nada de lenguaje técnico, no sabía que para poder jugar necesitaba seguir direcciones, que había reglas de juego para cumplir, y que la sociedad no perdona cuando no eres tan rapido  y sagaz como sus miembros, y  Juan no entendía  el por qué,  de de un momento a otro,  los otros niños de la escuela no querían jugar más con él.

El tiempo pasó, y la diferencia se hizo mayor, Juan llego a séptimo grado, El sistema escolar continuó ascendiéndole de grado, pues debía ascender de grado con niños de su misma edad, pero Juan no aprendía lo básico de las matemáticas, Juan no leía, ni tampoco podía escribir un párrafo de 3 frases.

Juan creció solo, se torno huraño, y hosco. Seguía poniendo todo su esfuerzo en salir adelante, pero debía cumplir con un currículo, el cual no estaba al alcance de sus capacidades.

Juan quería desesperadamente complacer a mamá; pues para mamá eran muy importante las buenas notas, pero por más que luchaba, sentía que se quedaba corto.

A pesar de las desilusiones, a pesar de aquella etiqueta “Lento para procesar información”, a pesar de sus miedos y frustraciones, llego el día en que Juan logro hacer un escrito de 5 párrafos. No hizo aspavientos, no salió en el periódico, ni siquiera se lo conto a mamá.

Mucho más tarde, por aquello de que “nada hay oculto bajo el sol” Mami se enteró de que Juan había conseguido escribir un ensayo de 5 párrafos.

La madre le pregunta a Juan _ ¿Cómo se siente” _

Y Juan le contestó _ “Se siente bien” _


Solo tres palabras “Se Siente Bien” para describir la perseverancia.

Tres palabras para describir la tenacidad.

Tres palabras para describir el éxito.

Tres palabras para olvidar las humillaciones, por ser lento para aprender.

Tres palabras para describir la satisfacción del trabajo cumplido.
                                                
                                         ***
No quiero olvidarme de estas 3 palabras.

Estas tres palabras me servirán de palanca cuando se me haga pesada la tarea.
Cuando el proyecto se complique, y mi mente se haga lenta,
y mi espíritu se ofusque, y en el momento en que esté a punto de
perder la confianza de alcanzar mi meta,
igual que mira el marinero al faro en la tormenta,
recurriré a estas 3 palabras para reafirmar mi esperanza.

Recurriré a estas tres palabras para recordarme a mí misma que:
no importa cuánto se tarde, _si persisto en mi empeño_ habré de alcanzar mi meta.
                       
                                                           ***                                       
 “Llegaré a…escribir 5 párrafos” Que fácil es para algunos, y que difícil puede ser para otros.
Nadie puede decir con la sed que otro bebe. Nadie nunca podrá saber cómo, dónde y cuanto le aprieta el zapato al otro. Pero ese es otro tema.

2 comentarios:

antonio dijo...

Bonito cuento Libia.
Podría ser una historia verídica, con solo tres palabras se define la sabiduría.

Saludos afectuosos!

Libia Amparo Quintero U dijo...

Gracias amigo fiel.
Sabiduría muchas veces tambien requiere lágrimas.